En dado caso de carecer de oportunidades y el visto bueno de las parejas que nos encantaría, la solución se reduce a dos caminos: Conformarse con féminas que yacen en el fondo del mercado sexual o hacerse a la idea que tus amantes solo vivirán en tu imaginación: su útero será la palma de tu mano.
Hace poco granjee simpatías con una de la primera opción, parece un mono con alopecia en todo el cuerpo excepto en la cabeza, intuyo, también le crece barba, más que a mí. Sospecho que le agrado porque, me doy cuenta, me hace caso. Más que el de la gente común. También porque al hablar de noviazgos y cosas así, al aclarar que dudo entrar en pareja porque la mayoría del tiempo todo me sabe a poco, ella se amargo bastante, cambio de tema al rato mencioné todo aquello, vi sus rostro y vi que hacía muecas de dolor, se ponía audífonos y dejaba la conversación. Sobre todo cuando llego otra chica, esta sí, sumamente guapa. Casi por instinto, le presté el triple de atención a pesar de que ella ya es novia de un tipo bien parecido, con dinero y contactos, lo más normal. Que la chica fea diera indirectas y reacciones ante mí, que dijera Seguro lo conoces bastante, el chico ese no le llamo la atención viéndome me parece una ironía cruel.
Que una fea guste de un feo del fondo del tacho es desesperación pura. Significa que no tiene cabida con, no diré los mejores, con los decentes de allí fuera y le toca meterse con los autistas, con los que tienen rostro deforme, con los que tienen los dientes amarillos... que justamente son características mías. Si fuera de otro modo, si fuera ella guapa acaso, no sería una opción ahora ni nunca. Pero no lo es. Sabe que no tiene opciones. Sabe que solo puede aspirar a Omegas como yo.
Y sabe que no me gusta.
Opté por la segunda. Sé que en mi estado actual las buenas las tengo bloqueadas. Que la decentes también y que las del fondo del bote no me gustan para nada, prefiero la paja una y mil veces. Lo triste es que la chica esa no es mala gente. Al menos conmigo se comporta genial. Pero jamás iré mas allá. Me da asco.
La cosa de ser incel es tomar un motivo de vida para copear. Saberlo elegir. En mi caso, estoy dedicado por completo a mis estudios y labores, como no se es particularmente ni burgués, ni bien parecido ni con habilidades sociales ni muchos motivos para que el otro se importe, me queda mucho tiempo para dedicarme a ello. He comenzado a tomar mis frutos. Pero son vacíos porque ningún solo halago o aprecio por lo que uno hace uno logra llenar nada. Son cascarones. Pero es lo que hay.
Entristecerse por no haber llegado a la vida que uno quiso es normal. Pero llega un punto donde uno algo tiene que hacer con ello, lo que sea. Porque siempre se puede hacer algo. Acepta uno que, sencillamente, no es la vida que le tenía que tocar. No era la vida que tenía que pasar. Era otro el camino, uno donde no corrimos la suerte de que nuestro deseos fueran reales. Uno lo acepta, porta la melancolía de aquello con la ligereza de quien se libera de una certeza: No tendré lo que quiero, por ende, no tengo porque seguir lamentándome tanto, ni tengo porque pensar en ello tanto. Liberas espacio. Después, te haces de concreto y sigues con tu vida hecho de piedra. Que es la única manera de vivir con todo eso sin palidecer en público.