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Implicando que no haya sido apuñalado por una lanza en su intento de tomar un trapo meado, él seguiría a la turba que se mueve con el condenado y sus verdugos hacia algún sitio, regresando a los pasillos de esta ciudad arena. El odio hacia el sujeto no se había extinguido, seguían escupiendo y golpeando, algunas mujeres llorando por una razón similar a la del mago hace no mucho.
<No lloren por mí... lloren por ustedes y por sus hijos.
<Lloren por lo que el odio les hará perder.
EL HOMBRE se acerca y les habla a estas, Gerardo espectador apenas entendiendo lo que se dice, todavía le faltaba
fe contexto. Esas huellas de sangre todavía necesitaban hablar, y se crean más con cada paso hasta que la piedra cae. Gerardo se acerca un poco pero no lo suficiente, discreto, mirando a una niña acercarse sin malas intenciones con otro trapo en mano y con lágrimas en los ojos por ser testigo de semejante acto en contra de la vida. Ella se acerca al obeso personaje para solamente ser golpeada por uno de los guardias, cayendo esta como una hoja en otoño sobre el polvo de la calle. Gerardo ya había visto suficiente; se acerca a ella, se arrodilla y la toma para luego mirar al guardia como Rocky en esa escena cuando Creed muere. Además de joder en vida a un hombre, ¿era también necesaria esta violencia?
>Gerard
No llores más, pequeña. Sé fuerte.
No era el mejor hablando. Tal vez era su hermana, tal vez era su hija, tal vez era una desconocida para EL HOMBRE, pero igual la consuela, rompiendo tal vez un recuerdo o las mismas telas del espacio y el tiempo al estar en un lugar que no es el suyo. Le seca las lágrimas con la tela ensangrentada y se la entrega con ambas manos, poniéndose de pie con una dificultad sabrosa porque al final del día el tipo estaba todo hecho mierda, ni siquiera la gracia divina lo podía salvar para este punto.
>Gerard
Busca a tus padres, a tu hermana, a tu hermano, a quien sea. Este no es el lugar para una niña.
La ayuda a ponerse de pie y continúa su marcha siguiendo el rastro de sangre junto a los gritos violentos, su alma le pedía seguir observando. Así por un rato, subiendo una colina ahora sí el pelado siendo un Sísifo de la vida. Ya no había observadores siguiendo el tormento, solo los guardias y él, un mago invisible. El silencio fue gigante.
La cima de esta colina es un lugar de ejecución, hay muchos cadáveres, huele a miedo y desesperación, a muerte ácida, ese olor que quema la nariz. El mirar esas jaulas colgadas le da un escalofrío porque bien pudo terminar como esos esqueletos que allí aguardan, todavía manteniendo algo de carne en sus huesos, carne todavía no consumida por las larvas o las aves que rapiñan por el lugar de muerte y desolación.
>Gerard
(Qué visión tan desesperanzadora.)
La piedra que EL HOMBRE traía cae al suelo causando un pequeño sismo. Los guardias ya habían cumplido, haciéndose ellos hacia atrás para dejar solamente a ese tipo, ese guardia de armadura latón que por alguna razón resuena dentro de su cabeza, como algo que había escuchado, como un susurro en la noche al que no le había prestado la suficiente atención.
Este es el padre de la gata calientaporongas, marquen mis palabras.
Ahí estaban ellos, un hombre derrotado pero no caído, y un caballero de oro falso, con una fina espada a un costado que no debería ser el arma de un ejecutor.
Ante todos, EL HOMBRE reza a su dios, ganándose las burlas del enmascarado que no es Pupus.
<El silencio también es una respuesta.
Normal que se burle. Pero bueno, una conversación de fe que no le quitaba la idea de la cabeza de que los dioses son altos garcas. No quería darle la razón a esos degenerados y a la niña esquizoide con su hermano el gordo, pero el archirei no hizo nada malo, al menos no había fuerzas externas, dioses que se frotan las manos, no había en su mandato fascista.
>No hay fe en dioses que caminan entre nosotros. No hay fe cuando los regalos son seguros. Eso es interés, vender tu llama
Bueno, tenía su punto. Amor, odio, cosas intangibles que la gente siente, que están ahí sin forma física, fuerzas que mueven el mundo y que la gente cree en ellas. Tal vez él cree en algo como esto, intangible como el amor y poderoso como el odio.
Se podría decir mucho de todo esto, se podría analizar de mil maneras la conversación entre un hombre y su verdugo peculiar, pero Gerardo se queda en que el compadre se fue pendejeado por un tipo que había alcanzado la Ataraxia. No había que ver el bosque, había que ver el árbol. No importaban sus creencias, importaba él como individuo. Era la estatua de Arno Breker con sonne de fondo.
El final acaba agridulce, pero un final esperable, uno que se sabía desde un mismo principio; el verdugo ardiéndose porque no sabe debatir y terminando
en con el gigante pálido y lampiño sin ninguna piedad por la vida. Antes de que su cabeza sea separada de sus hombros de piedra y misericordia, sus últimas palabras: “En tus manos encomiendo mi llama...”.
>Gerard
(No debí ser testigo de esto.)
En el aire había dolor, había pena, pero luego una paz infinita que golpea el corazón, que mueve los huesos. Cree, sabe que hubo muchos hombres y mujeres como él, pero la historia los había olvidado tal como a este gigante.
Silencio. Otra vez ese silencio, ni aves hambrientas ni los sonidos lejanos, solamente el silencio que dejó una cabeza y un cuerpo sobre los suelos por los que corre la sangre. El verdugo había dejado su arma y su cuerpo se mueve como gelatina, en cualquier momento pudiendo caer. Gerardo se había quedado mirando la expresión de la cabeza con una corona de espinas... Tan... pacífica. Había aceptado su muerte con valor, habiendo sufrido miedo y todo, puede que miedo antes siquiera de todo esto.
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<Verdaderamente.... este era más que un hombre.
>Gerardo
(... No has aprendido nada.)
Piensa, dándose la vuelta para mirar un horizonte como cuando hizo en su conversación con el hombre futuro de las revistas porno. No había razones para darle algo extra o quitarle lo que fue, ni más ni menos, un hombre que se había conquistado a sí mismo... Esperemos que en un futuro a este gran hombre no le den tintes divinos tergiversando al carajo su historia y enseñanzas... Sus manos en guantes van hacia su espalda mientras las horas pasan rápido y a la vez se estiran demasiado, pero nadie allí se movió ni un centímetro.
Gerardo pensaba, estaba perdido en su mente, pensamientos sobre la muerte y el "plantar" cosas. Puede que la vida eterna se gane dejando algo en el mundo y no literalmente vivir eternamente como un hombre de calcio. Bah, mejor vivir eternamente, seguro uno no se aburre de tener tiempo infinito, sino pregúntenle a la furra que ni siquiera pasa de los cien años.
= = =
Sus movidas mentales no le permitían ver que todo se había detenido en el espacio de esa noche, él solamente andaba perdido en el horizonte y su propia cabeza loca. Sería esta constante si no fuera por esa amplia mano que lo despierta del trance, lo sobresalta porque no esperaba a nadie por mucho que lo toque con la delicadeza con la que alguien toca un copo de nieve.
>Gerard
(Está detrás de mí, ¿verdad?)
No sabe si quiere voltear y si quiere ver, sin embargo lentamente gira en el sitio con los ojos bien abiertos hasta por fin divisar. Ahí estaba él, EL HOMBRE, el hombre pelado, macizo y en pelotas, ni siquiera una hoja verde en sus partes, ni siquiera el velo de decencia. Este hombre lo observa con la mirada smug del wojak, es pelado y todo.
>Gerard
¿Estás vivo?
Su muerte fue exagerada a lo grande. El Gerardo pregunta sorprendido, esa expresión misma dibujado en su rostro pálido como el de un fantasma, el de un cadáver que se niega a descansar. Sin embargo ahí estaba esa extraña sensación de tranquilidad que traía el calvo amigo.
<jum, Chico....
La última vez que escuchó esa última expresión casi es violado por un cantante liche, igual no menciona nada y le deja continuar.
<Tú no deberías estar aquí.
<Dime...
<¿qué es lo que te atormenta tanto?
https://youtu.be/ffET_NmfZjc?si=mtczU3BZo2-B89fk
Sus palabras se habían quedado suspendidas en el aire cuando siente el poder del redentor "curar" su cuerpo, más bien dicho aliviar la carga que lleva en todo momento. Silencio, calidez. Estaba cansado, llevaba un agotamiento, una fatiga muy gorda desde que había llegado al abismo o puede que desde mucho tiempo antes, ahora estando allí, suspendido en esta sedación que proporciona la presencia de este sujeto olvidado por el tiempo.
Al final decide centrarse y contestar, mueve la cabeza en negación como alineando sus ideas perdidas.
>Gerard
¿Yo? Nada, solo pasando el rato. No sé cómo llegué aquí, es como la vida misma... o tener una novia. Estás ahí en la cama disfrutando el pecado y a los pocos meses ¡ah! Aparece un tercero. Como la vida. Así le pasó a mi padre.
Acompañaba sus palabras con gestos, como abriendo bien los ojos o moviendo las manos para hacer como que algo aparece de la nada.
>Gerard
Y no creo que algo me atormente, no ahora. Tal vez lo inevitable de mi muerte cercana, pero ya no estoy tan seguro de eso. Estuve tanto tiempo viajando solo y aprendiendo que me olvidé de lo que era realmente importante.
Se queda unos momentos pensando en las figuras en su vida, probablemente todos muertos por los acontecimientos extraños que deja a su paso.
>Gerardo
Los vínculos son importantes.
Hasta ahí su observación, no quería hablar de más en estas mierdas cursi. Igual el tipo bastante de pana, no sabía que los entes fuera del tiempo y espacio son tan buena onda, este ya era el segundo.
>Gerardo
¿Puedo hacerte una pregunta?... Todos llevamos una carrera constante contra el tiempo, el destructor de mundos. Los dioses se olvidan, los imperios caen, los hombres se marchitan...
...
No, no, creo que hay cosas que es mejor no contestar.
Podría preguntar un millón de cosas como por qué huevos estaba él aquí o si el boludo del Pupus tiene implantada su cabeza para darle sus poderes o algo así, pero decide simplemente no preguntar nada. No tenía mucho que discutir, igual agradecía su tiempo, porque el tiempo es importante. Inserte aquí la imagen del conejo blanco con el reloj de bolsillo.