>>102562
Me mudé de ciudad por motivos laborales, seguía siendo un wagie pero con mayor paga, al menos. Sin embargo por no tener familia ni amigos, desarrollé un caracter huraño e irascible, con mucha envidia de los que me rodeaban.
Un día regresando del trabajo se hizo de noche y ya no alcancé transporte, por lo que opté por irme caminando mientras me comía algo de lo que nos dan en el jale. Cuando avanzaba escuchaba unas pisadas, pensé que alguien me seguía y me iba a asaltar, pero cuando menos lo esperé una patita me estaba rascando mi pierna. Era un perrito que se venía comiendo lo que se me cayó de mi tupper. Todavía era cachorro, pero cogeaba un poco y los ojos los tenía muy rojos, al parecer otros perros lo maltrataron.
Al principio pensé en ignorarlo como el amargado que era, pero me conmovió que no era nada agresivo y que quizá, como yo, sólo necesitaba algo de cariño. Lo llevé a mi casa, lo bañé, le di de comer y fui con veterinarios a que lo desparasitaran, dieran vacunas, etc.
Ahora somos mejores amigos. Toni Hawk (así le puse, jaja) me motivó a tener disciplia, a platicar en parques con otros dueños de perros, a apreciar que las cosas buenas de la vida a veces son las más sencillas.
Uno nunca sabe cuando algo que parece insignificante va a cambiar tu vida para bien. Agradezco a quien quiera que mueva al universo de haber conocido a Toni Hawk.