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Enfermera: "No hablo de mi ropa interior..." Dijo en respuesta a tu halago.
En realidad pensó que tu mirada iría directo a la vaina donde está resguardada la espada.
La situación había cambiado por completo, fuiste testigo del cómo su falda cayó al suelo de manera inmediata. No se veía avergonzada para nada. Sin embargo, quizás no fue lo más inteligente el mostrarte eso aunque tampoco le molestó en lo absoluto, ella es alguien adulta que no se deja sonrojar por ese tipo de comentarios; está 100 % segura de su feminidad, y de tu autocontrol. La seriedad y el ambiente fúnebre cambio a uno más relajado, el de unos completos desconocidos que se cayeron bien después de una pequeña compra. Por un momento le ganó la risa, tus cumplidos fueron bien recibidos, pues ella procedió a acercarse a ti para poder tocar tu pecho con la yema de sus dedos, en específico dónde está tu corazón, para así poder corroborar tus latidos. Cualquiera tendría el corazón acelerado ¿No es así? Ella es enfermera por lo que estaría interesada el ver como estas tomando todo esto.
Enfermera: "En verdad me halagas. Pero por el momento es mejor seguir siendo amigos
estratégicos. Este continente oculta muchas cosas, eso quiero que lo tengas bastante en mente. Si tú ganas, yo también gano." Afirmó tras tomar una pequeña distancia entre los dos. Tus sospechas de aquel día en el callejón se hizo realidad... Lo que pareció un simple encargo terminó con la muerte de un tipo importante. "Es normal que le tenga preferencia a los de mi especie. No es que sea alguien que guarde rencor a los humanos. Pero en tú eres diferente, aún existe ese brillo en ti... En tus ojos."
Sus manos acariciaron tu rostro, más cuando dio ese enfoque a tu mirada. Con un simple movimiento de manos logró pasar por todo el contorno de tu rostro. Los dedos de la enfermera estaban siendo cubiertos por unos guantes de tela negra por lo que fue una caricia bastante suave al tacto: de una textura bastante fina y lisa.
...
Tu pregunta termina desconectando a la enfermera de lo que estaba fumando, tan apacible con el humo y un simple desliz de tu lengua la saca de ese trance. Prácticamente, le dio un bajón. Con una expresión que revela vergüenza prefirió aclarar el malentendido.
Enfermera: "Me expliqué mal." Tosió un poquito después de soltar todo el humo que fumó de su pipa. El aroma es fuerte, para nada es tabaco lo que está fumando, es apestoso hasta cierto punto. Sus ojos se enrojecieron y empezó a salivar demasiado... ¿Qué es lo que está fumando? "Te preguntarán de dónde sacaste esa espada, sí lo hacen, diles que te la regalé yo como tu amante. Eso se escucha mejor, no la desvaines para nada, por qué Lady Bradamante la reconocerá a simple vista como la auténtica espada de su familia."
Reitero sobre la excusa, negando tener una especie de vínculo con el chico pelo rosado. Está en ti acatar o pasar de largo, ya que podrías darle la espada a dicha mujer de pelo celeste.
Tras haber perdido la
onda, ella volvió a guardar su pipa dentro de su delantal de enfermera. Es gracioso verla el fumar con ese bozal en la boca.
Al final término dándote una palmada en la espalda como un amigo en pleno bar ante ese chiste sobre escapar, ella en tu posición sí lo haría, le tiene cierto miedo a esa señorita de ojos amarillos de serpiente que tenía Bradamante. Pero dejando eso de lado... Viste el cómo ella fue consumida por los nervios, no duró mucho ese comportamiento, pero era curioso. Ladeó su mirada de un lado a otro. Trató de ver si algún guardia de la duquesa estuviera espiando su conversación. Si fuera el caso ella estaría bajo un peligro latente, comprensible que actúe de esa manera paranoica. Se relajó por completo al ver que no había nada a su alrededor, ni una sombra, y ningún insecto cerca, solo eran ustedes dos en los callejones de Elaf. Bajó la guardia por completo, mostrándose más aliviada, y con bastante interés prefirió escuchar tu historia.
Es inevitable el no levantar una ceja. Se escucha como una locura ¿Un arco con vida? Por respeto guardó silencio. Ya que en el momento de tocar el artefacto no sintió nada, inspeccionó con bastante cautela, pero después procedió con agarres bruscos cómo de un momento a otro zarandear de un lado a otro, y también rasco en el forrado de cuero, y de nuevo: Nada. Es gracioso por qué sus orejas caninas se doblaron. Al no ver ninguna anormalidad ella te devolvió tu arco. Su expresión era una de total decepción al no ver nada anormal, ni fantástico cómo tú afirmabas en tu relato.
De nuevo entraron al gremio desde la puerta trasera.
Enfermera: "No te preocupes, guardaré tu secreto." Su mano tocó su pecho en promesa. "Mucho gusto Durian. Mi nombre es Razna. Y, no, el doctor es mi hermano mayor. Ambos fuimos huérfanos del viejo orfanato abandonado de Elaf." Tras revelarte su nombre, ella acarició a Nyt en su frente... Le es nostálgico. "Por alguna razón me recuerda a una vieja historia sobre un campo de papas que crecía en un mundo fantástico. Lo más impresionante que hay aquí en Akasha son las cebollas y zanahorias que terminan volviéndose en una clase de mandrágoras."
Terminó sonriendo con cierta dulzura al contacto con dicha papa. Frotó el tallo que terminaba en un racimo de hojas las cuales brotaban del turbeculo.
Sin embargo, el ambiente confortable no sería eterno... En medio de la multitud había una mirada que no les quitaba el ojo de encima.
Los habían pillado con las manos en la masa. No había mucho que agregar.
Pasos metálicos se escuchan detrás de ti. Se trata de una armadura, un caballero en armadura para ser más exactos. Sientes el frío roce metálico en tu espalda correosa. Sin lugar a dudas era uno de los guardias que te estaba escoltando, o quizás ¿Cuidando?
Su aspecto era hermoso, por no decir que era otro sujeto extraño al igual que Bill, pues tenía rasgos andróginos. El caballero era alto y delgado por no decir que se veía bastante frágil como una doncella. Su cabellera era larga y ondulada, y el color de su pelo era plateado.
Sus ojos de color índigo te vieron de pies a cabeza, tratando de averiguar por qué el interés de la señorita por una bestia como tú. En fin, que los modales hacían al honorable caballero que de inmediato hizo un ademán para Razna, y para ti. Agachó su cabeza y movió su mano al hombro mientras cerraba los ojos. Fue un saludo bastante cortito, no duró mucho.
???: "Lamento tanto el haberlo perdido de vista. Sin embargo, creo que fue lo mejor. Ya sabes, Lady Bradamante es estricta, pero hasta yo sé dónde no entrometerme." Los miró a ambos. Desfondó su espada, y formalmente se presentó a los dos. "Mi nombre es: Ricardo de Diamante. Soy uno de los guardias que sirve a Lady Bradamante." Vuelve a guardar su arma dentro de su funda de cuero. Extiende su brazo, y señala el otro lado del gremio para que lo sigas de inmediato hasta la entrada principal del establecimiento.
La enfermera te regalo su último gesto de aprecio. Levantó su mano para despedirse. La zarandeo en un cordial adiós mientras la veías de espaldas, ella era extraña y simpática a su modo. Pero ahora te encontrabas de nuevo en las garras de la burocrática familia del grifo. Y, es que hasta llegar a la puerta principal del gremio pudiste ver una carroza enorme en el exterior dónde Bradamante te estaba esperando con una gentil sonrisa, de hecho también ella levantó su mano para hacerte un gesto amigable para que te sentaras adentro de dicho carruaje real, a lado de ella.
Ricardo: "Tienes mucha suerte. A partir de mañana en adelante seremos socios... Solo espero que estés a mi altura." Comentó con un tono de voz serio. Él nuevamente extendió su mano en señal de que subieras al interior del carruaje.
El interior de dicho transporte estaba forrado por telas púrpuras y arreglos dorados. Los asientos eran de piel, quizás de algún mamífero, pero no sabías en específico de qué animal. Solo que la textura se siente familiar... Demasiado.