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El monitor del dormitorio se apaga con un chasquido seco, dejando atrás un brillo residual verdusco que tarda en morir sobre la pared.
El silencio que sigue es denso, casi pegajoso, como sudor seco. Solo se escucha el leve zumbido del sistema de ventilación y, muy cerca, el eco mecánico de una puerta siendo golpeada cuatro veces.
En medio de esa calma tensa, una voz rompe la quietud desde el otro lado tras dar un fuerte golpeteo a la puerta.
[Hola... Abre...]
Podías reconocer la voz, es Miles y cuando mueves la única barrera entre ustedes, ya se está apoyando con una mano contra el marco de la puerta.
El cansancio se le nota en la mirada; tiene el cabello un poco desordenado, y el brillo habitual de su actitud despreocupada aún no parece haber desaparecido del todo pero tampoco está presente del todo. No se le veía animado.
[¡GAWWWWWH!]
La gaviota sobre su hombro agita las alas bruscamente, dejando caer algunas plumas que flotan hasta el suelo. El graznido suena fuera de lugar, demasiado fuerte para el momento, y luego otro y otro.
[¡¿Qué...?! ¡Diego, ya cálmate, quieres...! Este no es el momento para andar con esas...]
Miles frunce el ceño mientras la empuja suavemente con un dedo, intentando que se calme moviendo su hombro. La gaviota lo obedece a regañadientes, aunque no deja de mirarte con sus ojos negros y brillantes, desconfiado. No le agradas mucho que se diga.
Miles suspira, rascándose la nuca.
[En fin, creo que ya lo escuchaste, ¿no? El mono con hepatitis dijo que mataron a alguien... La verdad no me lo termino de creer...]
Baja la mirada, y por un momento se queda inmóvil. El silencio pesa entre ambos. Luego sacude la cabeza y deja escapar un pequeño resoplido, como si se obligara a recomponerse, pretendiendo regresar a su actitud activa de siempre.
[Como sea... Me han enviado a llamarte para ir al comedor, dicen que habrá una reunión o algo así, y que es urgente...]
Mira hacia la salida de abajo; las luces ahí presentes parpadean ligeramente, proyectando sombras irregulares sobre ustedes.
[Como sea... Hay que irnos, no tengo la menor idea de lo que vayan a hablar, pero en esta situación, supongo que es obvio...]
Su voz suena más firme, aunque sigue habiendo una tensión subterránea. La gaviota se acomoda otra vez en su hombro, inflando las plumas con un graznido bajo.
Miles da media vuelta, sin esperar respuesta inmediata, y comienza a caminar hacia el pasillo asumiendo que le seguirás.
El eco de sus pasos se mezcla con el suave golpeteo de las alas del ave. Se van juntos, bajan la escalera de caracol y dejan atrás el dormitorio, con el aire aún impregnado del eco distante de la risa distorsionada de Korosaru.
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Un golpeteo seco interrumpe el silencio y tus pensamientos. Tres golpes rápidos, una pausa breve, y luego otros tres. El eco resuena en la puerta de madera, marcando un ritmo casi mecánico... La habitación está sumida en una penumbra gris y pesada, probablemente lo mismo que tu humor ahora mismo, ¿no?
Fuera, se oye el zumbido constante del sistema de ventilación y, a lo lejos, un murmullo apagado, como si los demás dormitorios comenzaran a despertar también, siendo que quizá no fuiste el único camarón de entre tus compañeros.
La voz que llega tras la puerta suena calmada, pulcra y regia, pero con un matiz de cansancio.
[Buenos días, señor abogado, o lo serían de no ser porque acaba de ocurrir una tragedia sin precedentes...]
La cerradura emite un clic suave antes de abrirse del todo por tu mano. Quien habla es el CEO definitivo; Jordan, como la popular marca de zapatos homónima, Jonas, como el popular trío de hermanos cantantes homónimo, Speedwagon, como la famosa compañía homónima, y da un paso al interior, donde la luz del pasillo lo recorta en un tono pálido. Sus gestos son pausados, casi ceremoniosos, aunque los ojos delatan preocupación.
[Expand Post]
[Como ya sabrá, alguien ha muerto trágicamente, o, mejor dicho, ha sido asesinado por alguien más aquí dentro a sangre fría...]
La voz se atenúa un poco al pronunciar esa última palabra. Un silencio incómodo llena el espacio. El visitante baja la mirada y cierra los ojos, como si decirlo en voz alta hiciera más real el hecho.
[No sé si quiero creérmelo aún, pero viendo las circunstancias, es mejor no ser muy reacio a tal posibilidad.]
Cruza los brazos, apoyándose contra el marco de la puerta. El tono intenta sonar racional, pero en el fondo hay una vibración de incredulidad que traiciona cualquier intento de compostura.
[En todo caso, luego de que la pequeña Maquinista nos mandara al diablo, me pidieron que fuese a llamarte, y no es sensato discutir con Azuly ahora...]
Una leve sonrisa condescendiente acompaña la frase, como si intentara restarle gravedad a lo evidente. Su mirada se mueve por la habitación, deteniéndose en el monitor apagado antes de volver hacia ti.
[Para qué te preguntarás... Bueno, se reunirán en la cafetería ahora mismo, ven, vayamos juntos... Y, por si no era obvio, es urgente.]
El visitante da un paso atrás, dejando el pasillo libre para que lo sigas. Por un instante, el zumbido del aire acondicionado apenas funcional vuelve a imponerse sobre todo lo demás.
No parece haber margen para negarse por ahora. Es mejor no desviarte a otros lugares e ir con él de una vez. Supones que, luego de dicha reunión, te dejarán ir a donde te plazca... si es que todavía tienes algo que hacer en esta situación.
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El pomo metálico está frío al tacto. Apenas giras la manija y das un paso fuera, el golpe llega antes de que puedas reaccionar.
[A...]
Chocas contra algo sólido, un pecho ancho y firme, y el impacto te hace perder el equilibrio. Rebotas hacia atrás con torpeza y caes al suelo, el eco del golpe va resonando por el pasillo silencioso.
Una voz algo ronca, típica de las personas en la mañana, pero de tono amable, rompe el sobresalto.
[Este... ¿Estás bien?]
Frente a ti está Leo, el músico. Lleva la guitarra colgada a la espalda como siempre, el estuche cubierto de pegatinas gastadas con el tiempo, ya amarillentas para denotar los viajes que ha hecho y las cosas que ha visto.
Su expresión es una mezcla entre sorpresa y ligera vergüenza; extiende una mano sin pensarlo dos veces para ayudarte a incorporarte de una vez.
El aire entre ambos es denso luego de eso, cargado con la tensión que aún flota desde el mensaje de Korosaru, porque su director favorito se encargó de arruinarles el día ni bien descubrieron el cuerpo... Aunque no saben quienes ni cómo todavía.
Las luces del pasillo parpadean, bañando la escena en destellos intermitentes de colores cálidos por la hora que es.
[Bueno, supongo que seré breve, alguien murió, o lo mataron... Se reunirán en la cafetería, ven conmigo.]
Su tono es plano, casi resignado. No hay dramatismo, solo el peso sofocante de una noticia que ya todos se esperaban sin querer admitirlo, supones que no quiere poner el ambiente peor.
Mientras habla, se rasca la cabeza, como si intentara encontrar una forma más suave de decirlo… pero no la hay.
Se rasca ahora el cuello bajando naturalmente la mano; la verdad no había mucho que decir aparte de eso, ¿no?
Leo se ajusta la correa de la guitarra y da media vuelta hacia el pasillo, comenzando a caminar sin mirar atrás, suponiendo que le sigues de cerca.
El sonido de sus pasos acompasados se mezcla con el suave tintineo metálico de las cuerdas dentro del estuche, marcando el ritmo de un día que a todas luces será muy pero que muy largo... pero así es como te gusta, ¿no?
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Lo olvidaba, si quieres contexto, lee esto de aquí si no lo has leído ya: (>>115790)
Y sigue turno general.