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Carne molida y desconocida hervida, colocada sobre un pan y con algunos condimentos por encima que llevan los colores de alguna bandera. El sabor no es la gran cosa; las papas francesas, aunque con un aspecto más original con esas ondas, tampoco son para perder la cabeza. Mientras camina por ahí sin rumbo se da de bruces con la decepción de la gastronomía del Nuevo York.
Debería mantener mis espectativas más bajas de ahora en adelante, este sitio es como cualquier otro en este hermoso país.
Habla al aire, caminando y mirando esta variedad en su mano. No puede usar ambas extremidades para comer debido al factor de su maleta, teniendo que acercar su mano a la boca para tomar las papas de una en una sin mencionar el hotdog.
Había mucho movimiento en las calles, personas que caminan de aquí para allá, vehículos que captan la atención con sus colores chillones, sus ojos y sus sentidos nunca dejan de prestar atención a sus alrededores aunque su rostro esté metido de lleno en papas francesas. Había ocurrido un evento bastante grande hace no mucho y muy cerca pero la gente no deja de hacer sus vidas, es igual con la muerte de un cercano, las cosas al final van a seguir siendo como era antes después de un tiempo, sobretodo si eres alguien insensible como ella. Su punto de vista es que todo es un círculo, siempre hay repetición.
¿Esto se llama perro caliente porque está hecho con carne de perro? Creo que nunca he probado esa variedad, debe saber bien con salsa barbacoa
Sus extrañas ocurrencias acaban cuando se queda sin comida en mano, tirando la basura en sus respectivos lugares y continuando su alegre marcha hacia los confines del mundo desde donde llegaron sus ancestros no humanos... O una marcha hacia un lugar en el que pueda seguir comiendo, siendo en este caso una coqueta cafetería que no pasa desapercibida a sus ojos negros. Entra, saluda, se sienta cerca de la entrada y lo primero en hacer es limpiarse la boca con una servilleta porque llevaba mostaza y sal en las comisuras como si fuera una niña pequeña.
Mucho mejor.
Sin mucho esfuerzo busca en su maleta que deja a un costado, sacando allí los documentos que comenzaría a revisar si no fuera por la interrupción de la mujer que toma su orden con la energía de un neoyorquino. Ella revisa el menú de arriba a abajo, mostrándose con muchas dudas ante los postres y sus imágenes.
Un affogato y waffles... Oh, pero el sundae de fresas se ve delicioso, ¡y el tiramisú también! Sí, eso estaría bien, y una porción de pastel de chocolate, gracias.
Su rostro anda demasiado cerca del menú, hasta que termina de observar todo y devuelve para centrarse en lo importante. Toma la carpeta y abre para mirar, leer, nutrir su vacía cabeza con la información que necesita para esta operación tan... tan. Es un poco raro que la gente de la organización para la que trabaja tire a sus empleados por ahí y que estos se busquen la vida, ni siquiera asignan compañeros, el otro bastardo Joe tampoco se le asignó compañero según sabe.
[¿Quiere esto decir que soy muy fuerte para ir sola o simplemente soy otro ladrillo reemplazable sobre el muro? Bueno, al final nada nuevo, nada personal, solo negocios. Me gusta esa mentalidad.]
De momento no le presta ninguna atención a estos temas y la coloca sobre los datos en papel; al parecer personas investigando las ruinas, algo totalmente normal y comprensible, seguro todavía no han encontrado a todos los desaparecidos por el atentado, lo que sí no es normal es el tema de criaturas extrañas en las inmediaciones. Las zonas de catástrofes pueden atraer todo tipo de entidades según sabe, lo raro es que no aparezcan, sin embargo es extraño que estén aquí en esta ciudad tan poblada. Estos entes tienen la extraña costumbre de no acercarse mucho a la gente o existir sin llamar la atención.
[¡Ya sé! Se ocultan en las alcantarillas como las tortu-]
Su tren de pensamiento es interrumpido por un toque psíquico en su brazo, levantando la vista para ver a su fumador pariente muerto hablándole, señalando a cierto individuo. Ella levanta la vista para ver a este tipo cruzar el lugar para sentarse en una esquina, todavía manteniendo la capucha sobre su cabeza porque es así de misterioso. Cero estilo.
¿Ese rarito de ahí? Seguro se pide un sundae de fresas o entró a pedir monedas, no le des tanta importancia.
Aunque su familiar esté en cautela, ella le quita importancia y continúa en su lectura. En vena lleva la mala costumbre de no tomarse las cosas tan en serio, ni siquiera la muerte o que este tipo podría ser un terrorista que va a explotar en cualquier momento. El olor a destrucción que prolifera en el aire y esa nube alrededor del desconocido dice que es uno de estos raros con poderes al igual que todos los otros con los que comparte trabajo, así que uno tiene que prepararse para ser todo serio cuando intercambias palabras con ellos. Aburrido.
No me quiero ir, todavía no tengo mi comida y no quiero perderme de ese pastel. Pero si insistes tanto... Ser tan cauteloso mata toda la diversión.
Con un resoplido guarda la carpeta, toma su maleta y sale del establecimiento siendo invisible para todos los ojos que la hayan visto. Deja en la mesa una ilusión de su persona y se retira, invisible, para la vista normal ella todavía sigue en la mesa esperando su comida. Ahí mismo y desde la manga de su camisa ilusoría sale una pequeña serpiente azul de cabeza picuda que se mueve por la mesa, luego por el suelo, reptando directo hacia la mesa del desconocido donde sube, convirtiéndose en tinta azul que escribe en la mesa un mensaje.
¿Eres de casualidad un terrorista? Más importante aún, ¿vienes aquí por el sundae de fresa?
Una ilusión que solamente él puede ver, o ya si es inmune a las mismas o no ha visto a Beyond en ningún momento no pudo ver nada de la mencionada, ella simplemente se retiró. En este último caso ella toma un taxi hacia las ruinas de las torres gemelas, leyendo por el camino la carpeta con información.
Si la ilusión fue exitosa, se queda unos momentos ahí afuera para ver todo el desenlace de la situación.